Vivir en depresión

Vivir en depresión

Es temprano por la mañana, inicia el día, como ha sido en las últimas semanas no quiero moverme, de alguna manera debo encontrar fuerzas, y así comienzo a recitar una serie de pasos que me ayudan a lograrlo.

1. Siéntate en la orilla de la cama, despacio, mira tus pies, cuelgan, están a nada de rozar el piso, da un salto, uno corto y ya estarás en el segundo paso. Dar este paso me toma una hora o dos.

2. El piso es frío, muevo mis pies, el izquierdo después del derecho, así llego al baño, y después de un largo suspiro estoy lista para abrir la regadera, llegar hasta aquí me ha sido eterno, ahora ya no importa si hay o no agua caliente, si no llevo a cabo este paso volveré a la cama. Me baño en quince minutos, el agua no es fría pero tampoco cálida, me sumo en el ritual del baño hasta que llega el momento de pasar al tercer paso.

3. Todo pesa. Seco mi cuerpo con total calma, luego debo buscar que vestir, procurando no volver a las pijamas, unos pantalones deportivos, una playera de mi esposo, algo cómodo, algo que me permite sentirme segura. Vestirme toma mucho tiempo, estoy en ese espacio en que no quiero salir del cuarto pero debo hacerlo, mi mente se debate, hasta que mi estómago comienza a pedir comida y debo pasar al siguiente.

4. Es complicado. Tengo hambre pero no ánimos de llevar alimentos a mi boca, caliento agua para café mientras reviso el refrigerador, una excusa tras otra aparece en mi mente, todo me orilla a no comer, pero de nuevo, debo hacerlo. Luego me siento a la mesa a comer lo que he preparado en total ausencia mental, como pero no distingo el sabor de cada bocado. Me distraigo con el televisor, y pasa el tiempo, rara vez acabo todo lo que preparé.

5. Ya he llegado a medio día. Ahora debo pensar que cocinar para la comida, por mucho mi momento favorito del día, tengo muchas ideas. Sólo debo encontrar la fuerza para salir de casa y comprar lo necesario.

6. Llega mi esposo, llega el momento de comer. Ahora sí pruebo bocado. Procuro no atragantarme. Río, platico, pregunto, hacemos planes, estoy en paz cuando él está conmigo.

Desde hace días me siento en extremo cansada, no física, sino emocional. Demonios del pasado vuelven, viejos hábitos, malos hábitos, ya no soy una adolescente que puede darse atracones para controlar la ansiedad, ahora se supone que soy un adulto, uno que debe saber medirse. Mi mente es un ruidoso caos, siempre hay cosas que pensar, nunca se queda en silencio. Sí, tengo constantes cuadros de depresión, pero de alguna forma, repetir los pasos anteriores me ayudan a sobrellevar el día, un día a la vez.

Paulina B.

2018/11

 

 

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Reinventando

Reinventando

Recapitulemos, hasta hace unos años decía ser historiadora, hasta unos meses decía que nunca saldría del desempleo y que odiaba no poder seguir mis estudios, todo ha cambiado.

Hoy por hoy sigo siendo historiadora, pero es mi profesión, una que se lleva bien con mi nuevo yo, aquel que ahora está sumergido hasta el pescuezo en la gastronomía, me ha tomado un par de años terminar de reinventarme, eso incluyó algunos buenos golpes y senderos que no había considerado.

Sigo siendo yo, pero un poco más yo que antes. Y vamos, va siendo hora que acepte que tengo las raíces bien sembradas en este sitio. Porque mis sueños han cambiado conmigo, ya no tengo interés en seguir estudiando historia, quiero seguir cocinando, hoy miro mis manos con nuevas marcas, ayer me queme con aceite caliente y contrario a lo que cualquiera haría seguí cocinando, ese fue un punto de reflexión, porque la yo de antes hubiera salido llorando de la cocina.

Hace unos días comencé con un sueño trunco, inicie de manera más formal la venta de panque y panes caseros, abrí una página en Facebook y me encuentro alistando un blog que le haga compañía con recetas mexicanas de antaño.

Así que en cierta forma me he vuelto una mujer emprendedora, aunque por el momento es muy pronto para saber si funcionará me emociona tener algo en que enfocar mis energías.

Me estoy reinventando, un paso a la vez. Últimamente no puedo evitar sentirme positiva.

Pau BM

2/10/2018

 

La cocina y yo

La cocina y yo

A veces cuando estoy en la cocina se me pasa el tiempo volando, lo cierto es que aunque siento que han pasado unos cuantos minutos en realidad son horas.

Hace un año empecé a escribir un recetario, recetas propias, de familia con algunos cambios, recetas interesantes, de repostería, recetas tradicionales. Tenía una libreta que había comprado meses atrás para ese fin pero no me había dado la atención de escribir, hace un año comencé a escribir y desde entonces no he parado.

Aprendí a cocinar desde muy chica, el tener unos padres que siempre estaban ocupados me permitió prestar atención en la cocina, aunque nadie en mi familia supo que podía cocinar hasta que pasé los 17 años, durante todo ese tiempo fue mi secreto, si bien en ese entonces se enteraron que era capaz de prepararme de comer, no sabían que tan arraigada tenía la vena culinaria, digamos que si hubiera sido por mi me hubiera dedicado a la gastronomía.

Propiamente dicho retomé la gastronomía cuando me independicé, aunque vivía en un cuartito que me rentaba un familiar me armé de una improvisada cocina compuesta por lo más básico y no, no contaba ni con hornillas eléctricas ni con estufa, pero aun así comencé a cocinar como necesidad y no por entero gusto, pues prefería comer fuera o comida congelada.

Luego vino otra mudanza, la vida en pareja y sí, una cocina más en forma. Recuerdo que en ese momento me pregunté si realmente sería capaz de cocinar, porque hasta ese momento mis capacidades se limitaban a platos simples, nada complejo y en su mayoría horneados. También fue el tiempo en que comencé a comprar recetarios, revistas de cocina práctica, y algún que otro facsímil de recetarios antiguos.

Después de poco más de un año de práctica y error, sucedió, me reencontré con esa sensación, comencé a cocinar por nostalgia, fueron los meses en que recreé los platillos de mi niñez, en que me di tiempo de comprender como funcionaban los ingredientes y su relación con los sabores, incursioné en terrenos desconocidos y casi sin querer me di cuenta que de alguna manera ya venía en mí el gen culinario. En esos meses me reencontré con mi pasión por la gastronomía.

Hace una año me hice el propósito de que al menos en el ámbito culinario sería autosuficiente, y en buena medida sigo cocinando por nostalgia. Los sabores me recuerdan momentos especiales, como las vacaciones familiares, el olor  y la textura de ciertos platos me transportan al lugar de donde vengo, el lugar donde crecí, y recrearlos en casa es un placer propio que no puedo describir, porque estoy lejos de ese sitio pero aún puedo permitirme saborearlo. Mis manos se han convertido en una herramienta, les he dado un uso que va más allá de la rutina, el tiempo en la cocina, es tiempo bien invertido. Quizá no estudié gastronomía, pero no me ha hecho falta, aún sigo aprendiendo y al menos por el momento puedo decir que voy en buen camino.

PauBm

2018/09/21

 

Recaída

Recaída

Mi cabeza da vueltas, quizá fuera el efecto de la mala noche que había pasado, el estómago vacío que ahora pasaba factura al resto de mi cuerpo o los rezagos de la “bronca” que habíamos tenido esa mañana. Ahora ya no era más de mañana, debían ser poco más de las tres de la tarde, la funda de la almohada se encuentra húmeda y el cuarto oscuro, sin importar la hora del día siempre se encontraba oscuro,  intenté fijar la mirada al techo, aún tengo la vista nublada, no sabía dónde habían ido a parar mis lentes o mi celular para ver la hora. Todo gira vertiginosamente, ¿cuándo había comido por última vez? Peor, ¿desde cuándo no tenía una crisis así? Decidí por mi propio bien no volver a intentar levantarme, dejé caer la cabeza nuevamente y contar, sólo contar, hasta diez o hasta donde me diera la gana, sentí las convulsiones que anunciaban un nuevo maremoto de lágrimas, inhalo, exhalo, todo está bien, ¿de verdad? No lo sé.

La vibración delata a mi celular sobre la mesita de noche, estiro la mano bruscamente y mis lentes salen volando, dos preocupaciones menos, son las cinco de la tarde. Estoy sola, lo sé. Lo estaré por el resto de la tarde hasta que él vuelva del trabajo. Mi estómago pide comida, yo sólo no quiero moverme, de pronto es como en los viejos tiempos, sólo yo y un cuarto oscuro, sólo yo y una almohada húmeda, sólo yo y esos pensamientos que me impiden ver las cosas con claridad.

Me levanto sólo para deambular por el pequeño departamento, miró lo que debió ser mi parte del desayuno pero no quiero comer, observo las ollas con la comida que preparé esa mañana pero me obligo a no pensar en lo que hay dentro, me dejo caer en el sillón, escucho la lluvia que comienza a caer fuera, vuelvo a la cama. Vuelvo a llorar, no hay una razón clara, nunca hay una razón clara.

Sé que él piensa que yo estoy enojada, no estoy enojada, no con él, sino conmigo. Miro el celular y me paseo por las redes sociales, pero eso no me tranquiliza. Pienso en tanto, en todo lo que me he ido guardando, lo bueno, malo, todo sale a juzgarme hasta que en algún momento vuelvo a quedarme dormida.

Cuando despierto ya es otro día, de nuevo sola, hasta que encuentro fuerza para hablarle  y él viene, me abraza y en ese instante cuando le siento, es ahí cuando todo vuelve a cobrar sentido. Hablamos hasta que recuerdo el hambre, y con ello las ganas de vivir me vuelven al cuerpo.

PauBm

2018/09

Half As Good As You

Half As Good As You

Algunas canciones me gustan sólo porque sí, está es una de ellas, la letra en sintonía perfecta con la música, frases inolvidables como aquella estrofa que termina con estas dos líneas: “And people say my expectations are too high / But I’m not asking for the moon”.  Y así es como termino preguntándome como es que casi nadie nota lo fantástica que es la música de Tom Odell, perfecta para corazones rotos o sólo para escuchar en un lunes a medio día.

Así es como les deseo un excelente inicio de semana (y de mes, por Dios que ya es septiembre!!!). Abrazos.

Paulina Bm

2018/09

 

Reflexiones

Reflexiones

Me he puesto a mirar los primeros textos del blog, no he podido dejar de preguntarme como es que he logrado cambiar tanto en tan sólo 4 años. No sé si puedo llamarle madurez o simplemente esa que escribió esos textos nunca fui yo realmente.

Tengo 31 años, en aquel entonces tenía veintipocos y acababa de independizarme en una ciudad que quizá no me era del todo ajena pero me infundía temor. ¿Me sentía sola? Sin lugar a dudas, tenía nostalgia por lo que había dejado atrás y mucho miedo por lo que estaba por venir, conmigo tenía un sueño y un par de maletas.

¿Qué queda de entonces? El sueño ya lo realicé, y ahora sólo tengo el par de maletas bien guardadas (creo que ni siquiera son las mismas).

Lo que escribí entonces, las primeras letras de este blog sólo eran entonces miedos, miedo a la soledad, a olvidar mis raíces o simplemente a olvidar. Aún siento temor, pero ya no son los mismos. Recuerdo que poco después de vivir sola presentía el colapso, y en efecto, este no tardo en llegar. Un año después sufrí una crisis emocional que supe mantener disfrazada ante los demás, aunque ya no vivía igual, ya no comía, leía mucho, reía poco, salía aun menos, me concentraba en mi sueño sin estar realmente concentrada, me alejaba de todos y de todo, sumida en un mar de malestares (mentales).

Ahora puedo mirar todo con cierta retrospectiva, estoy aquí en un futuro que nunca pensé que llegaría, con un perro durmiendo en el regazo (quién hizo bien en adoptarme) y un marido que me adora (algo debí haber hecho bien). Puedo decir que estoy casi recuperada, aun tengo temores que asaltan mis sueños nocturnos pero no pasan de ahí, ya no tengo crisis, mi salud y mi peso se han visto recuperados (con pocas secuelas por años de desórdenes alimenticios).

Ahora me pregunto, ¿me cuesta retomar las letras por qué perdí ese desequilibrio? No lo sé, pero es verdad que mis escritos no son iguales, ahora miro con otros ojos, analizo antes siquiera de escribir, ya no escribo rimas al aire, ya no me sale así y a veces me lamento por perder ese poco de inocencia literaria que me permitió iniciar este espacio, por no poder escribir tan seguido como lo hacía, por ya no cargar con una libreta a todos lados.

Podría escribir, sí, podría pero ya no sé dónde está la fuente de todo.

Abrazos lectores,

Paulina B.

2018/08