Recaída

Recaída

Mi cabeza da vueltas, quizá fuera el efecto de la mala noche que había pasado, el estómago vacío que ahora pasaba factura al resto de mi cuerpo o los rezagos de la “bronca” que habíamos tenido esa mañana. Ahora ya no era más de mañana, debían ser poco más de las tres de la tarde, la funda de la almohada se encuentra húmeda y el cuarto oscuro, sin importar la hora del día siempre se encontraba oscuro,  intenté fijar la mirada al techo, aún tengo la vista nublada, no sabía dónde habían ido a parar mis lentes o mi celular para ver la hora. Todo gira vertiginosamente, ¿cuándo había comido por última vez? Peor, ¿desde cuándo no tenía una crisis así? Decidí por mi propio bien no volver a intentar levantarme, dejé caer la cabeza nuevamente y contar, sólo contar, hasta diez o hasta donde me diera la gana, sentí las convulsiones que anunciaban un nuevo maremoto de lágrimas, inhalo, exhalo, todo está bien, ¿de verdad? No lo sé.

La vibración delata a mi celular sobre la mesita de noche, estiro la mano bruscamente y mis lentes salen volando, dos preocupaciones menos, son las cinco de la tarde. Estoy sola, lo sé. Lo estaré por el resto de la tarde hasta que él vuelva del trabajo. Mi estómago pide comida, yo sólo no quiero moverme, de pronto es como en los viejos tiempos, sólo yo y un cuarto oscuro, sólo yo y una almohada húmeda, sólo yo y esos pensamientos que me impiden ver las cosas con claridad.

Me levanto sólo para deambular por el pequeño departamento, miró lo que debió ser mi parte del desayuno pero no quiero comer, observo las ollas con la comida que preparé esa mañana pero me obligo a no pensar en lo que hay dentro, me dejo caer en el sillón, escucho la lluvia que comienza a caer fuera, vuelvo a la cama. Vuelvo a llorar, no hay una razón clara, nunca hay una razón clara.

Sé que él piensa que yo estoy enojada, no estoy enojada, no con él, sino conmigo. Miro el celular y me paseo por las redes sociales, pero eso no me tranquiliza. Pienso en tanto, en todo lo que me he ido guardando, lo bueno, malo, todo sale a juzgarme hasta que en algún momento vuelvo a quedarme dormida.

Cuando despierto ya es otro día, de nuevo sola, hasta que encuentro fuerza para hablarle  y él viene, me abraza y en ese instante cuando le siento, es ahí cuando todo vuelve a cobrar sentido. Hablamos hasta que recuerdo el hambre, y con ello las ganas de vivir me vuelven al cuerpo.

PauBm

2018/09

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Half As Good As You

Half As Good As You

Algunas canciones me gustan sólo porque sí, está es una de ellas, la letra en sintonía perfecta con la música, frases inolvidables como aquella estrofa que termina con estas dos líneas: “And people say my expectations are too high / But I’m not asking for the moon”.  Y así es como termino preguntándome como es que casi nadie nota lo fantástica que es la música de Tom Odell, perfecta para corazones rotos o sólo para escuchar en un lunes a medio día.

Así es como les deseo un excelente inicio de semana (y de mes, por Dios que ya es septiembre!!!). Abrazos.

Paulina Bm

2018/09

 

Reflexiones

Reflexiones

Me he puesto a mirar los primeros textos del blog, no he podido dejar de preguntarme como es que he logrado cambiar tanto en tan sólo 4 años. No sé si puedo llamarle madurez o simplemente esa que escribió esos textos nunca fui yo realmente.

Tengo 31 años, en aquel entonces tenía veintipocos y acababa de independizarme en una ciudad que quizá no me era del todo ajena pero me infundía temor. ¿Me sentía sola? Sin lugar a dudas, tenía nostalgia por lo que había dejado atrás y mucho miedo por lo que estaba por venir, conmigo tenía un sueño y un par de maletas.

¿Qué queda de entonces? El sueño ya lo realicé, y ahora sólo tengo el par de maletas bien guardadas (creo que ni siquiera son las mismas).

Lo que escribí entonces, las primeras letras de este blog sólo eran entonces miedos, miedo a la soledad, a olvidar mis raíces o simplemente a olvidar. Aún siento temor, pero ya no son los mismos. Recuerdo que poco después de vivir sola presentía el colapso, y en efecto, este no tardo en llegar. Un año después sufrí una crisis emocional que supe mantener disfrazada ante los demás, aunque ya no vivía igual, ya no comía, leía mucho, reía poco, salía aun menos, me concentraba en mi sueño sin estar realmente concentrada, me alejaba de todos y de todo, sumida en un mar de malestares (mentales).

Ahora puedo mirar todo con cierta retrospectiva, estoy aquí en un futuro que nunca pensé que llegaría, con un perro durmiendo en el regazo (quién hizo bien en adoptarme) y un marido que me adora (algo debí haber hecho bien). Puedo decir que estoy casi recuperada, aun tengo temores que asaltan mis sueños nocturnos pero no pasan de ahí, ya no tengo crisis, mi salud y mi peso se han visto recuperados (con pocas secuelas por años de desórdenes alimenticios).

Ahora me pregunto, ¿me cuesta retomar las letras por qué perdí ese desequilibrio? No lo sé, pero es verdad que mis escritos no son iguales, ahora miro con otros ojos, analizo antes siquiera de escribir, ya no escribo rimas al aire, ya no me sale así y a veces me lamento por perder ese poco de inocencia literaria que me permitió iniciar este espacio, por no poder escribir tan seguido como lo hacía, por ya no cargar con una libreta a todos lados.

Podría escribir, sí, podría pero ya no sé dónde está la fuente de todo.

Abrazos lectores,

Paulina B.

2018/08

Temores

Temores

No puedo dormir, no estás a mi lado, eso dificulta mis noches.

Ya no sé dormir sin ti, hace mucho que olvide lo que era dormir sola, sin tu calor.

Es casi media noche, debes estar trabajando, allá afuera, te extraño

Tengo días con un nudo en mi pecho, no son palabras, son sentimientos

Sé que no soy la persona más afectiva del mundo, a diferencia de ti, pero debes saber que te amo, que eres la razón de mis alegrías, de mis sonrisas, eres la principal razón por la que me despierto cada mañana y decido quedarme cinco, diez, quince o hasta una hora más en la cama, sólo para sentirte, para poder abrazarte y mirarte después de pasar toda la noche sin ti.

No se cómo podré agradecerte por la forma en que me amas, por lo mucho que haces por nosotros, por la manera en que me has ayudado a crecer y a ser mejor persona, eres mi impulso y mi fuerza, y creo que nunca podré decirte lo mucho que te amo porque es algo que no está en mis palabras, no han inventado vocabulario para expresar algo así.

Cuando nos conocimos tenía miedo, del mundo, de la vida, del amor, de mí. Ahora eso ha quedado atrás, sólo tengo miedo de que nos olvidemos de lo mucho que nos amamos, que nos volvamos presa del rutina, que quedemos al desamparo del tiempo, que se acaben las risas y todo se torne frío. Todos mis temores se callan cuando me tomas en brazos, cuando me miras de sorpresa y dices “te amo”, cuando me dices “eres hermosa” al oído y son las siete de la mañana que vuelves del trabajo, cuando me ayudas en las labores de la casa, cuando miramos televisión o leemos juntos, tomados de la mano, abrazados, besándonos.

No, ahora no imagino días sin ti, podré soportar unas cuantas noches sin ti, pero no la vida.

PatMb

2018

 

Junio de tropiezos

Junio de tropiezos

Ya estamos llegando al fin de la primera quincena de Julio, lo sé. No me había dado tiempo ni muchas ganas de escribir, lo siento sé que he tenido un poco olvidado el blog.

Junio pasó, llegó con calma y se fue tornando tormentoso antes de siquiera darme cuenta. No sé si fue un buen mes, pasaron muchas cosas, más cosas malas que buenas.

Decidí retirarme del Taller FlemingLAB, antes que nada agradeciendo lo mucho que me ayudaron a crecer como escritora amateur, pero sentí que no podía aportar nada más y era el momento de ceder mi sitio a alguien que de verdad lo valorara. Aunque aún queda un pendiente, un pequeño libro de cuentos de mi autoría que espero vea la luz con la editorial del taller en un par de meses.

Como dije pasaron muchas cosas, mis papás cumplieron 40 años de casados, tomé un curso más a la lista, dejé de escribir, entre en estado depresivo y recuperé el aliento, me reencontré con un par de amigas y entre cosas malas pero no tan malas me robaron el celular, sin consecuencias físicas más allá del coraje y la perdida de lo que podría haber considerado como el segundo equipo nuevo que llego a mis manos (sin importar que me lo obsequiaran con un añito de uso pero como si fuera nuevo).

Julio, bueno julio va bien, aún no se si puede ser un buen mes o un mal mes. Aunque ya se pintó de noticias tristes con la noticia de la muerte de una mascota que pasó 16 años en la familia (yo crié a ese perro durante la mitad de su vida y me dolió), además de los problemas de salud de uno de mis padres, aunque agradezco que no sea nada delicado, no sé que más podría pasar en estas semanas.

Aún ando triste, el día de hoy me tocó recorrer por segunda ocasión en esta semana el mismo camino que recorría en mis tiempos de oficina, y no pude evitar que me entrara un poquito la nostalgia por aquella chica que era cuando pasaba por esas calles, no sé, quizá mañana sea diferente (porque sí, me toca de nuevo transitar por esos rumbos).

Por lo pronto, sólo puedo decir que Julio se me presenta nostálgico con sus tardes de tormenta, húmedos, grises y con noches frías en solitario.

Un abrazo lectores,

PatMb

2018VII

A flote

A flote

Afuera hace un sol precioso, dentro mío todo esta en tinieblas, sí, hoy es uno de esos días.

Últimamente nada ha ido como yo esperaba. A estas alturas he demostrado que soy un fiasco para eso de conseguir empleo o continuar con mis estudios. Ni un proyecto ha ido bien, y hace meses que no tengo otra entrevista de trabajo, ni siquiera me llaman de las que ya he realizado. Ya son dos años.

A estas alturas estoy cansada de moverme por la casa como gato enjaulado, de no tener manera de ayudar a pagar las cuentas en la casa. De hacer lo mismo todos los días, salvo por aquellos en que logro colarme a algún curso o conferencia, gratuitos eso sí, o en que decido mover mi pesado ánimo a la biblioteca en busca de algo que leer, pero no, eso tampoco me ha ayudado. Nunca pensé que diría esto pero tampoco he dado con una lectura que me atrapé por completo. Hasta pasar tiempo en la cocina se volvió rutinario, ya no he dado con alguna receta que me represente un reto. Escribir ni pensarlo.

A estas alturas todo me pesa. Ya no encuentro manera de mantenerme a flote, me siento como un estorbo más que como persona.

El último acontecimiento fue una obra de buen samaritano que no se dio. Y con eso sentí que ya no podía seguir conteniendo mi frustración, porque sí, me encuentro frustrada.

No sé pedir ayuda. No quiero pedir ayuda, no quiero estorbar más, no quiero volver a sentarme en el sofá por otra tarde completamente sola y mirando más allá de una televisión encendida, únicamente pensando en que hay algo mal conmigo. Por hoy, sólo por hoy quiero sentir que sirvo de algo.

PatMb

2018V